COMMEMEMUCHO

Mafalda y su sopa

30 de septiembre de 2020: estamos de duelo por la muerte del creador de Mafalda, Quino.

Echaremos de menos a Quino pero siempre nos quedará Mafalda.

Amo a Mafalda y lo que representa. “Mafalda y su sopa” es mi pequeño homenaje a esta pequeña niña que odia la sopa y que su postre preferido son los Panqueques.

Mafalda llegó a nuestras vidas el 29 de septiembre en el año 1964 en Argentina, de la mano del humorista gráfico Quino. Recuerdo perfectamente la fecha porque mi hermano Miguel había nacido ese mismo día 5 años antes.

Mafalda era, y sigue siendo, una niña curiosa e irónica. Mafalda es una rebelde. Es contestataria, con una cabeza despejada y propensa a filosofar a partir de cualquier hecho cotidiano. Es idealista y quiere hacer de este mundo un mundo mejor. Le gustaría estudiar idiomas y trabajar de intérprete en la ONU para contribuir a la paz mundial. Mafalda es una defensora del progreso social de la Mujer y lo preconiza a ultranza, algo muy adelantado a la época de su nacimiento.

Umberto Eco, quien escribió la introducción a la primera edición italiana de Mafalda, dijo amarla «muchísimo» y consideraba muy importante leer la tira para entender Argentina. “Mafalda, la contestataria”, un libro que recopilaba sus tiras, publicado en 1969. Aunque este prólogo no tenía firma, se sabía que lo había escrito Umberto Eco. Si eres “mafaldiana” te invito a leer el artículo (1994) Mafalda recibe el doctorado de Umberto Eco

“Mafalda criticó duramente la injusticia, la guerra, las armas nucleares, el racismo, las absurdas convenciones de los adultos y ,claro, la sopa”. ¿Pero la sopa? ¿qué quiere decir eso? ¿por qué la odia?

Yo siempre he pensado que la sopa de Mafalda representa la obligación de hacer algo que uno no quiere hacer, por eso la odia, porque se la imponen en nombre de ‘es por tu bien’.
Y pues bueno, yo amo a Mafalda y también odio esa ‘sopa’.

Mafalda detesta la sopa y denuncia siempre que puede los inconvenientes que tiene sobre la salud y sobre el humor de las personas sensatas. Comer sopa va en contra de sus principios pero generalmente tiene las de perder y tiene que aprender a tragarse su frustración a cucharadas.

Así cocina Mafalda su sopa aliñada con una buena dosis de realidad.

 

 

 

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