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Reducir la factura de la luz en la cocina

Reducir la factura de la luz

Reducir la factura de la luz en la cocina

Conseguir una mayor eficiencia energética en nuestro hogar no solo significa ajustar el termostato y tomar duchas más rápidas. Hay muchas cosas que están en nuestra mano y que nos permitirán ahorrar en la factura de la luz. El ahorro puede ser notable y merece la pena el esfuerzo. Podemos aprender cómo funcionan los electrodomésticos en nuestro hogar y utilizarlos de forma más sostenible.

Veamos cómo podemos reducir la factura de la luz en la cocina que es uno de los espacios que más energía consume en el hogar.

Bombillas más eficientes

Aunque no son específicas de la cocina, las luces son uno de los principales consumidores de energía. Según Endesa, aproximadamente el 20% del consumo eléctrico de nuestro hogar corresponde a la iluminación. O lo que es lo mismo: de cada 100 euros de energía 20 son para lo que gastan nuestras bombillas. Entonces, ¿cómo podemos corregir esto? La solución más obvia más obvia es apagar las luces cuando no las necesitamos,

En segundo lugar, y muy importante, es que las bombillas que estamos utilizando sean eficientes. Las LED son la mejor opción disponible, ahorrando un 25% más de energía en comparación con las bombillas incandescentes. Pueden variar en color, por lo que podemos ajustar la temperatura de la luz si deseamos evitar las luces blancas brillantes. Generalmente, la segunda mejor opción son las bombillas CFL, que son un poco más baratas que las LED y tienen una eficiencia comparable, aunque contienen mercurio. Una lámpara CFL (Compact Fluorescent Light), y más concretamente una bombilla CLF, es en realidad una bombilla de bajo consumo también llamada lámpara fluorescente compacta.

Frigoríficos más eficientes

Las neveras representan aproximadamente el 8% de la energía utilizada en una casa promedio, lo que puede multiplicarse si se tiene más de una nevera o frigorífico. Por supuesto, el frigorífico lo tenemos siempre en funcionamiento, por lo que desenchufarlo no es una opción, pero aun así podemos aumentar su eficiencia.

Con el tiempo, todos los electrodomésticos han evolucionado en cuanto a eficiencia energética, por lo que una forma de ahorrar dinero, a largo plazo, es invertir en un nuevo frigorífico.

Sabéis que este año ha desaparecido la calificación A+++, A++ y A+. A partir de este 2021, los electrodomésticos como las neveras o las lavadoras utilizan un nuevo etiquetado para mostrar su eficiencia energética. Para actualizar la clasificación y simplificar el etiquetado, la Comisión Europea aprobó en 2019 el nuevo sistema; volviendo a unas etiquetas que irán desde la ‘A’ a la ‘G’.

Dicho esto, si no estamos pensando en comprar un frigorífico nuevo, configurad la temperatura de vuestro frigorífico entre los 3 y 5 ° C dependiendo de lo vacío o lleno que esté. También es una buena opción aprovechar la temperatura ambiente para bajar o subir la temperatura dependiendo de la época del año en la que nos encontremos. Por ejemplo, en invierno, cuando bajan las temperaturas, podemos aumentar la temperatura de la nevera.

La temperatura ideal para el congelador es de -18ºC. Aunque para los congeladores combis y los congeladores de una puerta podemos ajustar la temperatura entre los -16ºC y -24ºC. La regulación de la temperatura dependerá en gran parte de nuestras necesidades.

Además de estas medidas, podemos acostumbrarnos a adoptar algunas buenas costumbres que nos ayudaran a evitar las pérdidas de energía.

Cocinar con eficiencia

Podemos ahorrar energía de muchas formas cuando cocinamos.

Por ejemplo, es importante que usemos una olla o sartén de un tamaño adecuado a la cantidad de comida que cocinamos. Una mayor superficie requiere de más energía para calentar, por lo que si no es necesario cocinar en una olla o sartén grandes es mejor evitarlo. En este sentido, el diámetro de la olla o de la sartén, debería ajustarse lo más posible al tamaño del quemador ya que el calor que se genera y no se distribuye a los utensilios de cocina es energía perdida.

Cabe recordar que las placas de inducción son las más eficientes, hasta un 84%, lo que las convierte en la mejor opción. Las siguientes más eficientes son las placas eléctricas, que alcanzan una eficiencia de aproximadamente el 74%. Lo peor en el caso de la eficiencia son las placas de gas, que solo funcionan con un 40% de eficiencia. Debo confesar que soy una incondicional de las placas de gas y me resultaría difícil cambiar pero la eficiencia es la eficiencia, y tenía que contarlo.

En cuanto al horno le ocurre lo mismo que a la nevera. Cada vez que lo abrimos mientras está en funcionamiento pierde en torno al 20% de la energía generada. Miremos a través del cristal y no lo abramos si no es absolutamente necesario. Si es posible, aprovechemos para hornear varias cosas a la vez. Otra buena costumbre es apagar el horno unos minutos antes para que la comida se termine de cocinar con el calor residual. Si hacemos un uso eficiente, evitamos pérdidas y lo aprovechamos al máximo conseguiremos un ahorro de energía notable.

Para evitar pérdidas de calor al cocinar, tapemos las cazuelas. Se tardará menos en alcanzar la temperatura correcta y se cocinará antes la comida.

Lavar los platos a mano o con el lavavajillas

Muchos de nosotros amamos los lavavajillas pero simplemente no son eficientes energéticamente, ya que utilizan alrededor de 60 litros de agua por ciclo. Dicho esto, lavar los platos a mano con el grifo abierto tampoco es eficiente, entonces, ¿qué hacemos? Resulta que usar dos fregaderos, uno lleno de agua jabonosa y otro lleno de agua limpia, es el método más eficiente energéticamente. Pero si esa no es nuestra opción deberemos decantarnos por un lavavajillas muy eficiente energéticamente y ponerlo en marcha solo cuando esté lleno.

Fuente: iStock

Para reducir aún más el consumo, utilicemos los programas modo eco y con agua más fría. Aunque son programas más largos, conseguimos un ahorro mayor.

¡Con un poco de sentido común podremos reducir la factura de la luz en la cocina!

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